jueves, 5 de julio de 2007

El jardinero fiel

  • Experimentación de medicinas en pacientes eligiéndolos arbitrariamente por parámetros ajenos a los de científico sino por parámetros económico-políticos. (Se transgrede el principio mínimo de la no maleficencia)

Se presenta en la trama de la película en la cual se exhibe como un consorcio de empresas ligadas al mundo de la salud utilizan a personas desposeídas del África a quienes se elige para engañarlos y probar en ellos nuevas “medicinas” (al menos son proyectos) sin informarlos del hecho. Las empresas se coluden con el objeto de acelerar las pruebas en pacientes para crear medicinas seguras para su venta en el primer mundo.

Como enfermeros, no podemos influir en las decisiones políticas que se toman en torno a la “utilización” de personas del tercer mundo para pruebas farmacológicas. Pero sí es nuestro rol, de acuerdo al principio de principio de no maleficencia (aunque sea por omisión) el de proveer a nuestros pacientes TODA la información disponible acerca de los procedimiento y riesgos asociados de estos. Siendo también una responsabilidad asociada la del enfermero para consigo mismo en cuanto a informarse de manera acabado acerca de los procedimientos que practica y no realizar aquellos que de manera arbitraria pudieren dañar a grupos de población por criterios arbitrarios y ajenos a lo bioético.

  • Lucro en la fabricación de medicinas. (En confrontación con el principio mínimo de Justicia)

Reprochable es el lucro existente en la fabricación de medicinas especialmente cuando se actúa con doble estándar. Se prueba medicinas inseguras con gente pobre y culturalmente desvalorizada mientras se restringe la provisión y ofrecimiento de medicinas seguras a los mercados económica y culturalmente predominantes.

Nuestro rol es unificar un criterio bajo el cual nuestro gremio no deje de advertir de manera permanente y con fuerza de estas situaciones que violentan la igualdad del ser humano.

  • Preponderancia de principios valorativos sobre los intereses personales. (Beneficencia)

En el film en análisis, Tessa, entregó su vida en defensa de los principios valorativos encarnados por ella. Inquieta por la tiranía con que las empresas administraban pruebas farmacológicas a personas como quien dirige un ganado, fue encarnando el principio de la beneficencia de forma activa.

Nuestro rol es de manera activa repudiar actitudes y poderes que atenten contra la salud de nuestros pacientes


Reflexión

Tal como Thomas Hobbes lo sintetizare en el siglo XVII en su célebre frase “Homo homini lupus” ciertamente el hombre pareciera ser un lobo para el hombre. La competencia es férrea e incesante. No es la maldad. Es la humanidad la que se mueve al concierto de los intereses. Nada es por amor… si así lo parece… ciertamente es “interés” en el amor…

Si hasta en el amor hay interés… carentes de pecado entonces parecen la codicia, las ansias de poder, el egoísmo... la autodestrucción…

Ante el sufrimiento… el saber palearlo parece más que piedad y bondad… es más bien un buen negocio… con intereses… rentas… esferas de protección.

Así, el jardinero fiel, película dirigida por el cineasta, arquitecto y activista ecológico, Fernando Meirelles, alcanza a ser una vaga fotografía de del mundo de los intereses económicos que de manera inescrupulosa pretenden canjear personas por bienes.

Detrás de los lujosos escritorios desde donde se toman las decisiones de mercado de las grandes empresas farmacéuticas, en todos sus niveles, investigación y desarrollo, producción, distribución y ventas, las mentes sólo alcanzan a contemplar números, contando sólo aquellos quienes ostentan la calidad de clientes y no la condición de pacientes. Sin embargo… el gran problema ético no puede dejar de ser… de que en cada una de estas etapas contenidas en las empresas farmacéuticas, como así también en las demás “empresas” de la salud, conviven, colaboran, participan, y se comprometen profesionales de la salud… de quienes “sí” es posible exigir un estándar bioético puesto que no es posible manipular la vida del ser humano, en sus enfermedades, sin siquiera advertir el valor de la vida… o en último caso… a estos profesionales les es exigible un estándar de conducta acorde a la bioética debido a que así lo aprendieron, mediante cátedras como esta, en sus respectivas formaciones académicas.

Peor aún es el reconocer lo evidente del interés económico subyacente al mundo de la salud. Así, no es posible explicar por otra manera el porque de las escasas redes de conocimiento en las que el mundo científico comparte sus avances y se hace parte de manera activa, como por ejemplo, en la investigación de magnas pandemias, en las que los laboratorios compiten reclutando científicos prominentes con miras a desarrollar entre cuatro paredes soluciones a los males que aquejan al ser humano. ¿Cuál es el interés de la competencia? ¿La preservación de la vida? Ah? O más bien… ¿no son acaso intereses ajenos a lo científico los que motivan esta competencia? No es el dinero? Entonces, ¿Qué es?

Cuando a todo esto mezclamos engaños como los el filme se encarga de mostrar, donde, coludidos el poder político y económico, someten a determinados grupos de personas a pruebas desinformadas e irresponsables teniéndolos como “conejilos de indias” No podemos entonces, no abordar una respuesta ante esto… Las utopías han muerto… No se puede cambiar el mundo… pero sí nuestros entornos… tal vez si partiéremos por eso… algo cambiaria.